Don Sacarino y la tribu Glicosilada

 en Aventuras de Don Sacarino

Don Sacarino era un ciudadano más dentro del prospero territorio de Falathrim, donde el avance y la tradición vivían en una simbiosis perfecta desde que los escritos daban conocimiento de ello. Englobado en el empirismo, sus continuos estudios lo hicieron una persona con amplios conocimientos de cada hierba, animal u procesado que surgía en la zona. Centrado en el cuidado ajeno y la creación de dietas, vivía rodeado de creencias que le chocaban, como el poder de los ciclos lunares o la existencia de una tribu milenario de niños simbiontes y conocedores del lenguaje animal que vivía en el bosque de Vanyar; a escasos metros de su lugar de trabajo.

Las lenguas decían que esta tribu entraría en contacto con un ser que tendría el conocimiento necesario para librarlos del mal que engulliría su cultura haya por el 940 del calendario de los Teleri. Él era totalmente escéptico e intentaba hacer ver a la gente que se adentraba en el bosque que a pesar de que el año 940 acababa de comenzar, era una absurdez y temeridad invadir un bosque dominado por bestias. Nadie pasaba de los primeros metros. Turissë, su compañera de aventuras; era una conocida ilustradora totémica amante de las runas milenarias y el poder de las piedras preciosas. También era una ferviente creyente de la leyenda, con amplios conocimientos dados por los libros de la época.

Una tarde de descanso le pidió que la acompañara al bosque, quería comprobar en sus propias carnes el poder de la leyenda; y necesitaba que él estuviera presente ya que tenía un presentimiento venido de numerosos sueños las noches previas. Ante su negativa, ella salió de casa dispuesta a ver con sus propios ojos que se cocía en el lugar. Don Sacarino salió corriendo detrás, equipado con un triste bastón y rezando a lo que no creía de camino al oscuro lugar.

De la oscuridad pasaron a la mayor de las claridades, rellena de una gran variedad de plantas que hacían una delicia respirar. Pequeños animales corrían entre sus piernas y los mantenían ajenos a la presencia que se avecinaba.

De repente se encontraron a una extraña niña en el suelo. De gran cabellera rizada, florecían de ella unas pequeñas astas que recordaban a las de un cervatillo a punto de entrar en la adolescencia. Vestía capa y seda y una profunda palidez parecía haberse adueñado de su cuerpo. Cuando corrieron a socorrerla, se vieron rodeados de tres niños acompañados de los animales de los escritos de Moriquendi: el oso, el lobo y el ciervo.

“Solo venimos a ayudar, necesito saber lo que le pasa a vuestra amiga”; dijo Don Sacarino.

“Algo nos hizo abandonar la comodidad del hogar.” Dijo uno de ellos. “Ella nos pidió que acudiéramos, ya que hoy sería el inicio del fin de nuestra maldición”.

Envolvieron a la niña en la cercanía del lobo y Don Sacarino volvió a su casa a buscar su botiquín de trabajo. Cuando llegó, vio a la niña despierta. “Me llamo Taryanís, y llevo varias semanas encontrándome muy mal. No soy la primera a la que le ocurre. Tengo un hambre y una sed que nunca termina. Mi cuerpo está permanentemente cansado y frágil y encima tengo que levantarme de mi cama cada poco para ir al baño. Algo me dijo que encontraría la ayuda en este lugar del bosque”.

Don Sacarino no encontraba explicación alguna, pero esta pequeña niña acudió a él y se sentía en la obligación de ayudar. En ese momento se comprometió a estudiar esa extraña enfermedad a fondo y encontrar una solución.

Los días corrieron veloces como el viento, y encerrado en sus aposentos; descubrió y bautizo a la extraña enfermedad que les acosaba. La llamo Diabetes, y la catalogó en tipo 1 para diferenciarla de otras versiones que con el tiempo se fueron descubriendo en la zona. Descubrió que la insulina no podía ser fabricada en estos niños, y con ayuda externa creo una versión sintética. Cuando se la dio a la niña, esta mejoro milagrosamente.

Halló que había un problema con la glucosa, sin insulina no se podía utilizar y hacía daño en el cuerpo de los niños. Así que hizo un amplio tratado sobre todas las exóticas frutas y bayas que centraban la dieta de sus nuevos amigos. Y en el extenso poblado oculto bajo nombre de invocación, enseño a Taryanís y a otros niños que podían llevar una vida completamente normal: correr, jugar, visitar el bosque y a sus animales…pero para ello tenían que seguir una serie de normas escritas en piedra para que todos recordaran.

Turissë, que disfrutaba disfrazándose como ellos vestida de azul celeste y con cuernos de cabra; creó un tótem en la matriz de un frondoso árbol al que bautizó como hemoglibina glicosilada; el último descubrimiento que los estudiosos habían desarrollado para saber si niños y adultos tenían bien controlada su enfermedad.

Este tótem en medio del bosque se convirtió en lugar de reunión; donde Don Sacarino junto con los niños y animales del bosque; acudían cada semana para verse, aprender nuevas técnicas y contar cualquier inquietud o duda que les hubiera surgido.

Se avecinaban tiempos de prosperidad y victoria.

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Comentarios
  • Ana Cervantes
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    Hermoso….Muy importante e interesante para nuestros dulces guerreros…. Gracias

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